El 1 de Enero del año 2010 mi chico me pidió la mano en París.
Obviamente, no se la di. ¿Qué haría yo sin una mano en esta vida de Crom? A cambio le dije que me casaría con él, así que los dos quedamos satisfechos con el resultado y este mundo no ganaría una manca más. Total, si ya con dos manos me llaman manca en el WoW, imaginaros sólo con una.
Vale, era un chiste fácil.
El proceso fue muy bonito. No me llevó al edificio más alto del mundo como hizo un conocido suyo con su novia para arrodillarse y decir "Con el mundo a tus pies, te pido en matrimonio", o algo así. Tampoco se alquiló una banda de mariachis para cantar bajo mi balcón. No. Y menos mal. En cuanto me huelo un tópico, me entran los calores de la vergüenza ajena y sólo pienso en huir. Y en una habitación de hotel en la ciudad del amour, eso habría quedado muy muy mal. Más que nada porque yo estaba allí por trabajo y no podía ir muy lejos.
Lo que hizo él, como buen ingeniero que es, fue prepararme una presentación en powerpoint. Me pidió que me sentara frente al portátil y se sentó tras de mi. Yo la verdad es que me olía algo, y casi por eso le hice caso inmediatamente. Tenía mucha curiosidad(y mucha ilusión, no voy a negarlo), porque las veces que un chico me ha dicho algo de casarse ha sido más bien a lo bestia, trivializando algo que podría ser muy bonito.
He tenido de todo. Desde "Cásate conmigo"... por teléfono (gracias, C, por no querer mirarme a los ojos), hasta la misma frase al mes de habernos conocido (gracias, M, por ser tan impaciente... e irresponsable). Otro me lo dijo de una manera más sutil: "Quiero formar una familia contigo", pero éste al menos tardó un par de meses más que M, todo un detalle... En fin, que mis experiencias en este terreno siempre me han dejado bastante fría. Y aunque ya he dicho que no me gustan los tópicos, tampoco soy un ogro a quien le gusta que le escupan una declaración de amor.
Así, sabiendo que mi chico es una excepción en todo lo que he conocido hasta ahora, me senté calladita, expectante, a ver qué salía de la pantalla del ordenador y deseando que una vez más rompiese los moldes de mi mundo conocido.
Y no me equivocaba. Acabé llorando como una descosía de todas las cosas que me decía, de oír de su boca su perspectiva sobre la trayectoria de nuestra relación, lo que había sentido en cada fase y la descripción de lo que yo significaba para él. Todo esto aderezado con fotos y algún chascarrillo que otro.
La mejor declaración que jamás podría soñar. Más por su sinceridad que por su forma. Y porque desde hacía un tiempo ya sabía yo que él era la persona con quien quería pasar el resto de mi vida. ¿Suena a tópico? vaya...
Cierro el cuaderno de bodácora por hoy. Pronto, más.
04 abril 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario